Westringia fruticosa
Westringia fruticosa tiene una presencia serena y ordenada. Sus hojas finas, de tono verde grisáceo, y su floración discreta crean masas suaves que reflejan muy bien la luz mediterránea, especialmente junto a piedra, grava y vegetación de tonos secos.
Su porte denso y redondeado la hace especialmente útil en jardines contemporáneos de bajo mantenimiento. En plantaciones en masa crea volúmenes compactos, mientras la textura fina del follaje aligera las composiciones más minerales.
Cómo podar
La westringia tolera bien la poda. Para conservar un porte compacto, conviene recortar periódicamente los brotes jóvenes y retirar las ramas secas o desordenadas. En ejemplares viejos, es prudente evitar reducciones bruscas hasta madera desnuda, ya que la rebrotación puede ser irregular.
Una curiosidad
Originaria de la costa oriental de Australia, Westringia fruticosa soporta bien el viento, el salitre y los periodos de sequía. Por eso funciona especialmente bien en jardines próximos al mar, siempre que disponga de un suelo bien drenado.